Diversidad

La comunidad Gitana

La comunidad gitana afronta los nuevos tiempos con ganas de sacudirse los estereotipos y prejuicios que aún le acompañan. Con una imagen proyectada a veces desde los medios de comunicación en la que se les asocia con la delincuencia, el tráfico de drogas y el aislamiento social, los ciudadanos de etnia gitana empiezan cada vez más a reivindicar su espacio y a evidenciar su integración en el conjunto de la sociedad.

Históricamente, la mujer gitana se ha visto obligada a ocuparse casi exclusivamente del cuidado y atención de su familia, así como de velar por que nada faltase a los varones de su entorno familiar. Aunque el arraigo de las tradiciones es difícil que cambie de forma radical, el inicio de la transformación parece ir prendiendo en este primer cuarto de siglo veintiuno.
A pesar de que tres de cada cuatro mujeres gitanas no logran completar la educación primaria en Andalucía, las ganas de las féminas de la comunidad romaní por que la cultura sea su mejor aliada son cada vez mayores. Ello se demuestra con que el ochenta por ciento de las personas gitanas que acceden a los estudios universitarios en la región son mujeres.

Su lucha viene a reivindicar una mayor igualdad con el sexo masculino. Pero también quiere poner en valor las virtudes de su comunidad y tender a la erradicación de la exclusión social, la discriminación, el racismo o la igualdad de oportunidades que en ocasiones llegan a padecer.

La mujer gitana está decidida a encabezar el progreso y la integración del pueblo romaní y a favorecer la tendencia de su comunidad hacia un clima más propenso al mestizaje y al multiculturalismo. Con un marco establecido a partir del entendimiento y el respeto, tanto con el resto de personas de su etnia como con el resto de la ciudadanía, las mujeres gitanas quieren mejorar sus perspectivas de vida para mejorar así las de todo su pueblo.